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Según la OMS, el Covid-19 ha llegado para quedarse. Con esta amenaza invisible, nuestro día a día ya no será igual que antes. Pero también desde todo lado existe la preocupación de retomar actividades con los cuidados necesarios. Entonces surge la urgencia de aprender las nuevas reglas de convivencia en tiempos de pandemia.

¿Y la educación?

El sistema educativo está en jaque. Profesores, alumnos y padres de familia, por supuesto, también las autoridades educativas, están tratando de formular una solución para que el aprendizaje no se quede congelado por el coronavirus.

¿Cómo evitar contagios masivos entre el alumnado? La educación escolar que conocemos siempre ha sido presencial, pero ahora esta tradicional clase dentro el aula sería un potencial foco de contagio. Entonces esta amenaza (del virus) nos obliga a evaluar la posibilidad de otras formas de educación, tal como migrar a un modelo no presencial.

¿Educación virtual?

Durante las últimas semanas hemos estado viendo cómo surgen opiniones diferentes y hasta contrarias sobre la idea de llevar la educación a entornos virtuales; es decir, profesores y alumnos separados físicamente, pero reunidos en un único espacio virtual facilitado por las redes sociales: grupos de Whatsapp y Zoom son las opciones más mencionadas.

Pero ¿habrá quizás otros mecanismos para implementar los nuevos modos de enseñar y aprender? La idea es salir a descubrirlo, ensayarlo, inventarlo, innovarlo; todo, menos quedarnos de brazos cruzados. En esa línea, a continuación, exponemos algunas ideas.

El aprendizaje en red: el alumno y el profesor

El dúo alumno-maestro siempre ha sido el eje de la educación; sin embargo, en la educación virtual el alumno pasa a ser el protagonista central, no las tecnologías. En las aulas, la responsabilidad de desarrollar y explicar los contenidos es del profesor, al modo de clase magistral. Por el contrario, en la educación virtual, esa clase magistral por videoconferencia es un contenido excepcional, incluso evitable. Lo que debe primar es la orientación y guiar al alumno para ofrecerle mecanismos que le permitan ir explorando la materia.

En la educación virtual, el alumno, con la guía del profesor, tendrá a mano todos los recursos que brinda el entorno digital. Con el acompañamiento de su maestro elegirá aquella información valiosa para realizar actividades y así participar en experiencias generadoras de conocimiento.

La educación virtual debe encaminar a los actores hacia una cultura de la convergencia y del compartir. Entonces el profesor, de acuerdo a su asignatura y tema, se nutrirá de material y diversos recursos formativos gratuitos que se encuentran en el entorno digital, Allí, a un clic de distancia,  podemos ubicar vídeos, podcast, artículos científicos, incluso cursos completos disponibles en línea y de forma gratuita. La experiencia individual del alumno luego debe debatirse y enriquecerse en el aula virtual.

En este sentido, el profesor deberá estar capacitado para, a su vez, ser capaz de facilitar y favorecer el uso de ese ecosistema de medios en el que se desenvuelve el alumno. Eso es integrarse a su ejercicio docente las redes sociales y los entornos colaborativos digitales. Aprovechar estas plataformas interactivas y las actividades en red con una finalidad educativa puede ser una estrategia muy acertada, si se sabe manejar.

La evaluación

En la evaluación tradicional se aísla al alumno de cualquier fuente de información durante el tiempo que dura un examen. Quedan prohibidos los cuadernos, apuntes, calculadoras, celulares, etc. Esto es imposible en la educación virtual. Al contrario, el alumno puede rendir el examen acompañado de todo el material que desee, y mejor aún, contrastar sus respuestas con un grupo de compañeros en tiempo real. Por esto, es importante diseñar evaluaciones que valoren el desarrollo de competencias.

Por ejemplo, se puede crear foros de discusión para que el alumno periódicamente comente de manera crítica un tema. También es importante dejar pequeños trabajos que tengan una implicación personal muy clara. Por ejemplo, aplicar un tema estudiado a su contexto particular o a algún tema específico que al alumno le apasione.

Otra forma de evaluación es entregar un problema de acuerdo al tema de avance y dar un tiempo para que el alumno busque y presente una solución usando todos los recursos a su disposición. Conste que los problemas no son solo matemáticos, químicos o físicos, pues en todos los campos la vida está llena de problemas.

Y, en relación con el examen final, el mecanismo por excelencia es poner una evaluación con un temporizador. Así, por la limitación temporal, el alumno tendrá que concentrarse en responder las preguntas planteadas en vez de dedicarse a contrastar o conversar con otros durante el tiempo del examen.

La educación es la salida a toda crisis

Estos tiempos difíciles nos está demostrando nuestro carácter, aquello de lo que estamos hechos. Proponer, ensayar, implementar la nueva educación post pandemia es más que un reto. La actual situación nos exige una gran responsabilidad y el esfuerzo de invertir varias horas al día hasta dar con la fórmula que nos lleve a la nueva era del conocimiento.

¡A no dudarlo! En el futuro habrán muchos más retos, nuevas crisis y quizás otras pandemias; ante ello nuestra mayor arma será nuestro conocimiento, fruto de nuestra educación.